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El REAL VALLE DE CABUERNIGA
es sin lugar a dudas el lugar idóneo donde alojarse en el corazón del Occidente cántabro.
Lugar de gran atractivo paisajístico y gastronómico, nada le queda lejos: a igual distancia queda la playa que la montaña. El Real Valle de Cabuérniga es lugar equidistante de los puntos de interés: desde Cantabria a Asturias o Palencia, desde Altamira o Santillana hasta San Vicente de la Barquera, desde el enigma de las pinturas en las cuevas hasta la sacralidad de Santo Toribio de Liébana, Garabandal, Peña Sagra o Covadonga, desde la altura de los Picos de Europa hasta la bravura del Cantábrico, desde la capitalidad de Santander a la asturianidad de Llanes. En menos de media hora se puede ir desde Ruente hasta Bárcena Mayor o hasta las gigantescas estelas de Barros. En algo más de media hora se puede llegar a la impresionante cueva de El Soplao o a las fantásticas cuevas del piramidal Monte Castillo.
En tiempos de la Oca en el Océano estamos en Ruente, donde destaca la romántica belleza de La Fuentona, con su delicioso y antiquísimo puente de nueve arcos que cruza las aguas del manantial nacido a pocos metros, en la cueva guardada celosamente por la anjana.
Los nueve ojos del puente que observan el discurrir de La Fuentona.
RUENTE.- Junto al puente que sobre la fuente hay en Ruente, destaca también por su importancia y veneración un humilladero, un "santucu" con una bella cruz policromada. Varias casonas dan a Ruente un porte de nobleza. A destacar también el romántico camino que antiguamente daba entrada al valle, la subida al robledal del monte Aa, el fantástico bosque de Los Vados en la vecina Ucieda y un larga lista de puntos de interés entre los que debemos citar el de Un Café Litearte en particular: una Tienda de Mitología que es además Posada y donde podemos tomar un buen café, té o chocolate con corroscones, rebuscar en su librería especializada en mitología e historia, comprar alguna de las artesanías en su tienda o alojarse en una de las tres cuidadas habitaciones y, en cualquier caso, relajarse con el sonido y la vista de La Fuentona a la misma vera del jardín. En tiempos de La Oca en el Océano.
El nacimiento de La Fuentona a la salida de la cueva cuyas profundidades habita la Anjana.
En relación a la mágica cavidad donde nace el manantial de La Fuentona, el escritor Manuel Llano nos lega el hermoso relato de una moza que se encontó con la Anjana. Se le apareció con “un hábitu blancu, con unas pintucas relumbrantes que paecían estrellas, con una picaya de espino y en la frente una cruz encarná, como la mesma sangre”. “Una anjana vestida de blanco y con unas trenzas que chispeaban como las estrellas”. En su palacio - al decir de Llano - entró la moza y allí estuvo hasta que deseó salir. La anjana, que en su bondad “no quiere tener a la juerza a nadie, la sacó del palaciu y la dejó a la entrá del pueblu. En una jila contó cómo era el palaciu de la anjana. Diz que era muy grande y que las paredes relumbraban como el sol. No había día ni noche Todo era claridad y aire templau. Las juentes manaban un agua que sabía a una cosa semejante a la miel. Al palaciu se bajaba por una escalera de piedra blanca que llegaba hasta el portal. Todo eso lo contó la moza. Los muchachos quisieron conocer la entrada del palaciu, pero no dieron con ella.” Y en efecto, la realidad es que así fue: no hace mucho unos muchachos, unos espeleólogos, trataron de sumergirse en las profundidades de La Fuentona pero se vieron envueltos por un enturbiamiento que les hizo desistir. Al palacio de la anjana no se llega por la razón sino por el corazón. Algunos autores identifican a La Fuentona como la fuente intermitente mencionada por Plinio en sus escritos. En efecto, ocasionalmente deja de manar y el cauce del río se seca. Se troca entonces el murmullo de la corriente por un espeso silencio que no se rompe hasta un rato después en que la fuente vuelve a renacer. El escritor romano Plinio nos habla de una fuente intermitente en la región cantábrica, según algunos autores podría tratarse de La Fuentona.
El maravilloso bosque del Parque Natural Saja-Besaya se diría encantado y habitado por elfos, anjanas, musgosos, trentis o, cuidado, por un gigantesco ojáncano o un temible cúlebre. Valle de Cabuérniga arriba debemos detenernos en el magnífico y señorial conjunto arquitectónico de Barcenillas destacable por sus señoriales casonas como la de Calderón de la Barca. En la falda de la montaña se asienta Lamiña, el núcleo habitado más antiguo y situado a más altura de todo el municipio, del que se tiene noticia ya en en fecha tan temprana como el 978. En Lamiña destaca la iglesia románica de San Fructuoso con restos prerrománicos del s. IX.
DE OTRAS COSAS EN EL VALLE.- Recomendamos en toda Cabuérniga y especialmente en el mismo Ruente excelentes restaurantes donde poder saborear una cocina del más alto nivel. En su ascensión, el Real Valle de Cabuérniga ofrece al viajero interesantísimas localidades que rivalizan en belleza. Cruzado el Saja encontramos Sopeña, cuna del escritor Manuel Llano, y más adelante Valle, centro del valle y siendo así como es, ¿por qué no habría de llamarse Valle? Desde esta localidad una carretera escala la collada cercana para llegar a Carmona, hermosa población de casonas típicas que vierte sus aguas al vecino rio Nansa y es camino hacia la cercana y espectacular cueva de El Soplao, soberbio monumento de la geología. Otra vez a orillas del Saja, en Terán, hay una encantadora castañera donde se ubica la escuela del valle que es sede además del museo de Etnografía. Más arriba Selores, Renedo, Viaña, Fresneda o el remoto y abandonado Llendemozó son otras interesantes localidades a visitar. Aguas arriba del valle donde se abre el municipio de Los Tojos, del cual debemos mencionar el enclave monumental e histórico de Bárcena Mayor que el viajero no debe perderse sin dejar – a ser posible - de visitar Colsa, El Tojo o Saja ya dentro del bosque del Saja, y desde luego tomarse su tiempo para pasar por Correpoco. En 1517 el emperador Carlos I se alojó en Los Tojos siguiendo la ruta de Los Foramontanos, ruta símbolo de entrada a España. El Valle de Cabuérniga recibe el sobrenombre de “Ruta de los Foramontanos” por iniciarse ahí, a toque de bígaro la Reconquista y la repoblación de Castilla por parte de los que salían “afuera de la Montaña”. Antes de cruzar el umbral de entrada al valle, en Mazcuerras, junto al río Saja, se alza una piedra lisa, rosada, en la que reza una inscripción: “Aquí empieza esa cosa inmensa e indestructible que llamamos España”.

Un encantador rincón del bosque de Los Vados en Ucieda, en el mismo municipio de Ruente, en el Parque Natural Saja-Besaya.
LAS SETAS EN EL SAJA.-
Para los aficionados a recolectar setas, los bosques del Valle de Cabuérniga constituyen un verdadero paraíso. ¿Cómo no va a confundirse micología con mitología? Y así también, y siguiendo una similar relación cacofónica, del mismo modo que uno no debe fiarse de los "mengues" - un peligroso gusano hipnótico del que informamos en el apartado dedicado a los mitos - así tampoco debe uno fiarse de los "monguis": unas diminutas setas que comparten parecido tanto de nombre como de peligrosidas características con el legendario ser.
LA BERREA EN EL SAJA.-
Desde mediados de septiembre hasta principios de noviembre se puede oir en nuestra posada, desde la misma ventana de la habitación, el sobrecogedor ruido de la berrea del ciervo en los bosques que bordean el Saja.
San Vicente de la Barquera entre la magia de la bruma norteña.
Un sorprendente templo griego en Cantabria: en Arenas de Iguña.
La agreste y atractiva costa del Cantábrico.
Los alrededores de La Oca en el Océano son de por sí un inmenso y mágico lugar de interés: mitos, bosques (de los de hadas y duendes), artesanía, cultura, gastronomía, arquitectura, folklore, paisaje, historia, nobleza.... : Cantabria Infinita. En Cantabria el mundo entero tiene la obligación de hacer al menos una reverencia ineludible: al arte parietal paleolítico que, descubierto en Altamira en 1879, convierte a la zona cantábrica en uno de los puntos sin duda más importantes y en cuna de la humanidad: Altamira en Santillana del Mar, el Monte Castillo en Puente Viesgo, Covalanas, La Garma, El Pendo, Chufín, Hornos de la Peña, Santián o El Pindal (ya en Asturias) son de los más destacables ejemplos. Muy recientemente las principales cuevas prehistóricas del Cantábrico han sido reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Altamira ya gozaba de antes de este reconocimiento.
En Santillana del Mar, aparte de Altamira, podemos visitar el muy bien preservado pueblo medieval, la magnífica colegiata románica o el meritorio zoo de iniciativa privada. A destacar en la costa el bellísimo pueblo marinero de San Vicente de la Barquera y la excepcional vista que desde allí se ofrece de los Picos de Europa. Sobresaliente es también Comillas - como población y por sus muy notables muestras de arte modernista -, la amplia playa de Oyambre o la recoleta de Luaña en Cóbreces, la zona de Pechón y Pesués, los agrestes acantilados azotados por un mar que es a la vez océano.
En el valle del Besaya, en Los Corrales de Buelna podemos asistir a la recreación de las Guerras Cántabras que se celebran cada verano o recibir en Santander (seguramente el Portus Victoriae de antaño) a los romanos que se supone venían a civilizar.
En el inmenso Parque de la Naturaleza de Cabárceno podemos contemplar animales en régimen de semi-libertad.
Al Sur, en las zonas interiores de Campoo, Valderredible o Valdeolea podemos encontrar monumentos megalíticos o iglesias rupestres o del mejor románico al tiempo que disfrutar del esquí o subir al Pico Tres Mares, indudable centro peninsular ya que es el único punto desde el cual el agua se reparte a tres vertientes: Mediterraneo, Atlántico y Cantábrico. En La Montaña se abren valles de fuerte personalidad : el del Pas, el del Besaya, nuestro valle de Cabuérniga, el del vecino Nansa...
Cerca, donde los Picos de Europa se yerguen, se extiende la mítica Liébana con el monasterio de Santo Toribio y la iglesia de Santa María de Lebeña.
Y por último tenemos que citar a Santander, la capital, adornada con una de las bahías más bellas del mundo, tal vez la más bella junto a la de Sidney..., una joya a cada extremo del mundo.
En tiempos de La Oca en el Océano. Barrio del Monasterio, Ruente, R. Valle de Cabuérniga, Cantabria, España. Telf. 654 38 20 11